
Hace pocas semanas, cuando las tropas georgianas empezaron a atacar Tskhinvali con morteros, Eduard Kabulov no pudo dejar de pensar en los problemas que había tenido para aprender georgiano: su sistema de numeración con base 20, sus ridículas aglomeraciones de consonantes
("gvprtskvni"), sus verbos diabólicamete irregulares. Kabulov, que tiene 22 años, creció en un valle en el que los osetos han cohabitado con los georgianos desde hace siglos, pero eso no facilitó las cosas. Los osetos hablan un idioma emparentado con el farsi (la lengua de Irán); los georgianos, una lengua cuyo pariente más cercano, según algunos lingüistas, es el vasco.